"Parla!"

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16 septiembre, 2019
La videovigilancia puede ser utilizada de diversos modos. El más inmediato es la observación en vivo, la monitorización en tiempo real. Sin embargo, el más utilizado tal vez hoy día sea el modo forense, es decir, se graban las imágenes captadas por las cámaras y en caso de incidente, se revisan bien para comprobar el alcance del incidente, bien para proceder a su investigación y persecución de atacantes, así como para corregir procedimientos en situaciones futuras o bien para ambas cosas.

A ambos modos de utilización, se está incorporando la tecnología del video análisis.  Se trata de añadir un carácter proactivo, donde las cámaras no solo ofrecen imágenes, sino que además las procesan e interpretan para generar alertas o alarmas que desencadenen la respuesta a los incidentes. Ahí encontramos toda clase de aplicaciones de proceso de la imagen, comúnmente llamadas algoritmos o analíticas y que de modo más o menos eficiente convierten a cada cámara en una suerte de vigilante virtual siempre atento y activo, capaz de informar al equipo de seguridad o a los servicios externos contratados para que adopten las medidas de respuesta previamente establecidas de acuerdo con las situaciones que se plantean. Este nivel, sin duda más eficiente, y que reduce costes operativos es la tendencia que se acoge con mayor interés por parte de los usuarios.

Sin embargo, analizando ese supuesto reemplazo del vigilante por la videovigilancia proactiva, podemos ya apuntar algunas importantes diferencias.

Uno de los aspectos relevantes de las medidas de seguridad es sin duda la capacidad disuasoria. Ahora que hablamos con profusión de implantar sistemas “inteligentes” y la inteligencia se aplica a casi cualquier dispositivo, funcionalidad, procedimiento, sistema o planteamiento (gracias al cielo por hacernos inteligentes), entre los aspectos más inteligentes en la protección, está sin duda la disuasión.  En este sentido, no hay duda de que un guardia de seguridad produce mayor disuasión que cualquier sistema de videovigilancia por visible y eficiente que sea. Es cierto que por desgracia es cada vez menos factible esa opción, por los costes y condiciones que implicaría la multiplicidad de vigilantes en la proporción e intensidad que hoy utilizamos las cámaras de vigilancia.

¿Qué convierte al vigilante en un elemento más disuasorio que el sistema de video?

 Son muchos los factores siendo el primero y principal sin duda, su inteligencia, no virtual, no artificial, puramente humana, basada en formación y experiencia, capaz de analizar situaciones complejas y responder adecuadamente a cada una de ellas. La tecnología y la inteligencia artificial están intentando reducir esa diferencia de capacidades entre una y otra opción. Hay, no obstante, algunos otros factores. La cámara de videovigilancia, aunque cada vez más avanzada y capaz, basa la interpretación de las situaciones en la información que captura (como lo hace la persona). Pero la cámara solo captura imágenes, y el vigilante añade a esa información la que aporta el sonido. El vigilante ve y escucha. No creo que nadie contratase un vigilante sordo en casi ninguna circunstancia. Sin embargo, la mayoría de nuestras cámaras carecen de capacidad para recibir sonidos, y por tanto de procesarlos y realizar la interpretación de la situación de modo más completo. Y no es que técnicamente no puedan hacerlo, especialmente hoy día que casi todas las cámaras son digitales, cámaras IP, con capacidad de conexión de audio normalmente por defecto. Es que no se habilitan para ello. Es que, en ocasiones por un mal enfocado respeto a la privacidad, en ocasiones por la falta de previsión, en otras por la falta de sistemas de análisis del audio, no se plantea ni remotamente añadir audio en esta ecuación de seguridad. Y es posible, viable, hasta no muy caro y ciertamente aporta muchísimo. No hace falta explicarles esto a las centrales receptoras de alarma, ellos sí que aprecian lo mucho que aporta la información que proviene de la captación del audio.  Claro, porque pueden interpretarlo de modo inteligente.

Nos estamos perdiendo pues una clara oportunidad de elevar la eficacia de nuestros sistemas de vigilancia, de aproximarlos a las prestaciones de un vigilante humano. Pero ¿aumentaría esto el efecto disuasorio de nuestro sistema si añadimos micrófonos para captar audio?

 Ciertamente no.  El hecho de que nuestro sistema de vigilancia sea capaz de escuchar y analizar la información audible, no es percibido por las personas que se encuentran en su ámbito de acción, por lo tanto, no hay efecto disuasorio alguno. Si el guardia de seguridad estuviese realizando su función en el lugar a proteger, se encargaría de advertir, indicar o reprender a quienes fuesen observados como potenciales amenazas o simplemente no respetaran las normas o procedimientos, incluso facilitaría información a quien estuviese algo “despistado”. Su mera presencia, que puede ser resaltada sólo con ofrecer un saludo a quien se aproxima, es ya un elemento disuasorio y genera tranquilidad ¿Podemos emular estas capacidades también? Es obvio que no podemos replicarlas con exactitud, pero se puede conseguir que el sistema emita también avisos, advertencias, instrucciones, saludos, etc. de manera automatizada. Esto sí que evidenciaría la “presencia” del sistema de seguridad y control para quienes tengan aviesas intenciones o para quienes por el contrario disfrutarían de una mayor sensación de seguridad y acompañamiento.

Si pensamos que actualmente la captación del audio es una práctica muy limitada, el uso de altavoces para avisos de seguridad es seguramente casi inexistente. Sólo los sistemas de evacuación de incendio, emergencias, utilizan redes de megafonía para emitir avisos, pero lo hacen de modo general y para agilizar la evacuación. La idea que planteamos aquí es la de usar avisos de forma puntual, en los lugares precisos en los que interesa como respuesta a situaciones que se producen en esos lugares. Por ejemplo, avisar a alguien de que está entrando en una propiedad privada y de que está siendo grabado, hacerle saber que existe un sistema de vigilancia activo mediante un simple saludo, o indicar a alguien que debe proceder de determinada manera (caminar por la vía peatonal, aparcar en zona autorizada, dirigirse a cabina de control, etc). Estos mensajes pueden automatizarse como respuesta a la detección que proviene de analíticas de video u otros dispositivos y sin duda conseguirán mucho del efecto disuasorio que pretendíamos, así como evitarán incidentes de modo proactivo. No olvidemos que, a su vez, para los sistemas monitorizados en tiempo real, los mensajes pueden emitirse desde el centro de control aportando incluso mayor sensación de presencia.

En cuanto a la complejidad para instalar estas soluciones, es cada vez menor. Si bien las cámaras IP facilitan la conectividad y manejo de los micrófonos simplificando su cableado (se apoyan en la red de datos a la que se conecta la cámara), en el caso de los altavoces hay alguna limitación adicional. Ciertamente sería también posible conectar los altavoces a las cámaras, pero éstas no tienen la capacidad para generar la potencia sonora que sería necesaria para obtener eficacia en los mensajes ni tampoco para manejar un grupo de altavoces como podría ser el caso si queremos cubrir una zona mayor. Para ello, hoy disponemos de altavoces IP, directamente conectables a la red de datos y que ya vienen equipados con alimentación (PoE) amplificación, ecualización y memoria para desarrollar perfectamente los cometidos que estamos exponiendo.

 En una sociedad en la que el gadget de moda es el asistente virtual o asistente de voz, al que hablamos y nos habla, deberíamos hacer evolucionar nuestros sistemas de seguridad hacia prestaciones igualmente interactivas e inteligentes.

Dicen que cuando Miguel Ángel termino de esculpir la estatua de Moisés, viendo lo cercano a la realidad que resultaba le golpeó con el martillo conminándole a hablar con la expresión en italiano  “Parla!”  (Habla) puesto que consideraba que sólo eso le faltaba para ser realmente humano.

Digámosle pues a nuestro sistema de vigilancia “¡Habla!” para hacerlo más humano, en definitiva, más inteligente.

 

 

Autor: Alberto Alonso, Retail Business Development Regional Coordinator

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Mayor información: Maria Santafé, Marketing Specialist, Axis Communications