
Hay dos amplias categorías de sistemas para implantar el vídeo inteligente: centralizados y distribuidos. En las arquitecturas centralizadas, las cámaras y sensores recopilan el vídeo y demás información, que se envían a un servidor centralizado para su análisis. En las arquitecturas distribuidas, los dispositivos periféricos (cámaras de red y codificadores de vídeo) son "inteligentes" y pueden procesar el vídeo y extraer información relevante. Otra consideración a tener en cuenta es si el sistema debería permitir la integración de aplicaciones de diferentes proveedores.
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Para permitir la supervisión central de los sistemas CCTV tradicionales, se puede suministrar la videovigilancia directamente de las cámaras analógicas a una DVR inteligente habilitada para vídeo. La DVR realizará el análisis de vídeo (por ejemplo, el recuento de personas o la obtención de matrículas) antes de tomar los datos restantes, digitalizarlos, comprimirlos y grabarlos, y distribuir la salida de vídeo y las alarmas resultantes a los operadores autorizados.
En esta arquitectura, cada cámara analógica se conecta mediante un cable coaxial a la DVR. Aunque este planteamiento funciona adecuadamente en pequeñas instalaciones con un número limitado de cámaras, no es escalable ni flexible. Cada DVR incluye un número de entradas específico y la adición incluso de una sola cámara adicional supone la adición de otra DVR, lo cual es una propuesta costosa. Además, como las DVR son dispositivos integrados patentados, no pueden conectarse en red fácilmente, ni utilizar aplicaciones de vídeo de diferentes proveedores, y no son compatibles con utilidades generales de la red, como la seguridad.

El vídeo en red cuenta con una estrategia completamente distinta: la inteligencia distribuida. Las arquitecturas distribuidas están diseñadas para superar las limitaciones de las arquitecturas centralizadas al distribuir el procesamiento a diferentes elementos de la red. La arquitectura más escalable, rentable y flexible está basada en la "inteligencia al límite", es decir, el procesamiento de todo el vídeo posible en las cámaras de red, o en los propios codificadores de vídeo. Esta arquitectura implica la menor cantidad de uso de ancho de banda, ya que las cámaras pueden enviar los datos y entender de manera inteligente qué vídeo tiene que enviarse. Esto reduce significativamente el coste y la complejidad del modelo de procesamiento centrado en la red, y elimina totalmente los inconvenientes de las arquitecturas centralizadas.
Si, por ejemplo, las cámaras cuentan con detección de movimiento, en vez de transmitir todo el vídeo, pueden enviar sólo el vídeo de interés con movimiento a la estación supervisora para su análisis y acción posterior. La carga en la infraestructura y las personas implicadas se reduce enormemente. Para efectuar análisis de vídeo especializados, donde sólo se necesitan datos y no vídeo, como por ejemplo, el recuento de personas o el reconocimiento automático de matrículas, la ejecución de las aplicaciones en la cámara tienen un drástico impacto, ya que las cámaras pueden extraer los datos precisos y enviar sólo dicha información, quizá con unas pocas instantáneas.

Además, el procesamiento de vídeo al límite, o parcialmente al límite, reduce de manera significativa el coste de los servidores necesarios para ejecutar las aplicaciones de vídeo inteligente. Servidores que normalmente sólo procesan unas pocas secuencias de vídeo, cuando realizan el procesamiento de vídeo completo pueden gestionar cientos de secuencias de vídeo si en las cámaras se efectúa parte del procesamiento.
Al integrar dispositivos periféricos inteligentes con los sistemas de gestión de vídeo, y dividir la carga entre las distintas partes de la red, se pueden crear soluciones inteligentes que se amplíen sin problemas y que sean más flexibles y rentables que las soluciones centralizadas.
Muchos fabricantes de equipos de videovigilancia suministran aplicaciones de vídeo inteligente con sus productos. A menudo, se trata de aplicaciones que mejoran la funcionalidad de la cámara con detección de movimiento por vídeo. Ocasionalmente, los fabricantes de equipos proporcionan otras aplicaciones de vídeo más avanzadas con funcionalidades como detección de manipulaciones y recuento de personas.
No obstante, el desarrollo de aplicaciones de análisis de vídeo robustas y comercialmente viables requiere pericia en el análisis de imágenes y, a veces, conocimientos especializados en un área de aplicación determinada, como el comercio minorista o el transporte. Por esta razón, diversos proveedores de software han optado por centrarse en suministrar aplicaciones de vídeo inteligente que solucionen necesidades específicas. Junto con las cámaras de red, codificadores de vídeo y/o sistemas de software de gestión de vídeo, estas aplicaciones de vídeo inteligente conforman soluciones completas, adaptadas a los requisitos específicos del mercado.
Aunque esto crea una gran libertad de elección para el usuario final, también requiere compatibilidad y fácil integración entre las cámaras/codificadores, software de gestión de vídeo y aplicaciones de vídeo inteligente. Para que puedan ser comercialmente atractivas y optimizar la compatibilidad, los dispositivos, el software y las aplicaciones de vídeo inteligente necesitan desarrollarse en interfaces (API) y plataformas abiertas. Esto crea flexibilidad para los usuarios y les permite diseñar sistemas de videovigilancia inteligentes que se ajusten perfectamente a sus necesidades.